Arrupe, el auténtico motor del cambio



Pedro Arrupe (en el centro) visitó Burgos en 1970. - Foto: Fede/Archivo de los Jesuitas


Tras su ‘vuelta a la vida’ en 1814 la Compañía de Jesús se volvió profundamente conservadora: «Como todo colectivo que sufre una restauración hay una tendencia a conservar lo que había ante el temor de que pudiera ocurrir otra vez lo mismo. Así que durante buena parte del XIX hay un movimiento  de conservadurismo, de volver a la tradición, un movimiento que era antiliberal y ‘antitodo’». Y con esto rompe, a mediados de los años 60, el padre Pedro Arrupe, que fue a juicio de Ramón Fresneda -actual superior de los jesuitas en Burgos- el auténtico responsable del fuerte cambio y la renovación que experimentó a la Compañía a mediados del siglo XX.
«El padre Arrupe es quien quita el lastre del susto que supuso la desaparición de los jesuitas y abre la orden a aires más democráticos. Su propia biografía, que incluye el ser testigo de la bomba de Hirosima, le hace conocer el mundo, visitar muchos países y darse cuenta de que la Compañía iba a contrapié», añade.
Este bilbaino fue nombrado prepósito general de los jesuitas en 1965 cuando ya es consciente de que esta congregación «tiene que coger el ritmo del tiovivo en el que se ha convertido el mundo  para subirse en él». Y, así, cerró la etapa posterior a la restauración, no sin grandes sacrificios personales e institucionales. En este capítulo se consignan, sobre todo, las muertes de miembros de la Compañía que se produjeron en América Latina con la Teología de la Liberación como fondo. «Lo que pasó allí fue que creció el germen que Arrupe insufló porque decía que si estamos metidos en el mundo y nuestra vocación es la de estar con la gente, había que hacerlo a las duras y a las maduras aunque nos equivoquemos. El coste de todo esto fue durísimo».
El legado de Arrupe se percibe nítido en el papa Francisco. Fueron suyas frases como «Nuestra Compañía no puede responder a las graves urgencias del apostolado de nuestro tiempo si no modifica su práctica de la pobreza. Los compañeros de Jesús no podrán oír el clamor de los pobres si no adquieren una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres» y «Es absolutamente impensable que la Compañía pueda promover eficazmente en todas partes la justicia y la dignidad humana si la mejor parte de su apostolado se identifica con los ricos y poderosos o se funda en la seguridad de la propiedad, de la ciencia o del poder».

Fuente: http://www.diariodeburgos.es/noticia/Z90EE9519-AC0A-AF95-8DCF5E851A152331/20140213/arrupe/autentico/motor/cambio

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