La casa Pedro Arrupe, comunidad de paz, sabiduría y oración
Medellín, 15 de febrero de 2018
Quiero agradecerles muy del corazón a todos ustedes, jesuitas, religiosas de las distintas comunidades, médicos, benefactores de las clínicas, ingenieros, amigos y colaboradores actuales su presencia a acompañarnos en esta celebración de 25 años de funcionamiento de la casa Pedro Arrupe.
Para mí es motivo de alegría de tener entre nosotros, en concreto, al P. Héctor López, quien siendo ecónomo de la Provincia hizo posible el respaldo económico y la fundación de la misma. Tener entre nosotros al P. Jesús Prieto, Socio y delegado del Provincial, el P. Carlos Eduardo Correa, quien no pudo venir. Tener al P. Jorge Caycedo como el primer superior de la casa y al P. Luis Guillermo Vélez como el cuarto y que actualmente están como miembros de la comunidad. Al Hno Luis Alfonso Montenegro como enfermero que inició su labor hace 25 años y que vino a acompañarnos. Los otros superiores los PP. José Piedrahita, Luis Alberto Silva y Álvaro Bernal, ya están gozando eternamente con el Señor. Y el P. Héctor Londoño, mi predecesor, está realizando actualmente su Tercera Probación en México, que es la última parte de la formación del jesuita. Él les envía un saludo muy especial.
También está con nosotros el ingeniero Mauricio Vélez Escobar, sobrino del P. Luis Guillermo y hermano del P. Álvaro, de la firma CONVEL, quien construyó la casa. Por supuesto, agradecerles a tres de nuestras colaboradoras que llevan con nosotros toda una vida Ruth Cogollo, Rocío Gómez y Lucía Metaute.
Hace 4 meses llegué a esta casa como superior de esta comunidad de nuestros hermanos mayores que han entregado sus vidas, siguiendo al Señor en distintos ministerios apostólicos. Y al compartir con ellos y los colaboradores en esta linda misión, aunque exigente y consoladora, puedo decirles tres aspectos lo que para mí ha significado estar en esta casa: PAZ, SABIDURIA Y ORACION.
PAZ
Una de las características que se percibe en el ambiente es una casa serena que se respira tranquilidad, sosiego y paz. Mientras en la sociedad la gente vive en un corre corre y se vive bajo la presión de un activismo y compromisos, aquí se vive en una estructura pausada, de lectura, de reposo, de reflexión, de un compartir alegre y de una soledad callada.
SABIDURIA
Muchas veces hemos oído decir que “la experiencia no se improvisa” y también escuché esta otra cuando colocamos las fotos en el comedor con motivo de los 25 años: “es la foto del consejo de los ancianos o de nuestros hermanos mayores”. Así es. Aquí se respira la sabiduría del que ha luchado en la vida, ha madurado, ha recorrido caminos difíciles y donde se aprende a afrontar la vida con una madurez tal, que, para mí, es una gracia tener en mi comunidad tantos sabios.
Por el desgaste de los años es normal que las fuerzas se van perdiendo y la enfermedad como hecho biológico puede ser una magnífica oportunidad para encontrar a Dios.
He percibido cómo la experiencia de la enfermedad nos ayuda a madurar pues nos da la
oportunidad de revisar nuestra escala de valores, nuestra red de relaciones familiares y sociales.
Además, el testimonio del desapego de muchos jesuitas de esta casa sobre tantas cosas que en
la vida los atan y no los dejan ser libres, a medida que van pasando los años y se pone la confianza
sólo en Dios se vuelven desprendidos que es de admirar verlos en una serenidad maravillosa.
Y como seguidores de Cristo sabemos que nuestras enfermedades, unidas al sacrificio de la Cruz,
tienen un valor redentor. Esta lectura del valor del sufrimiento, hecha desde la fe en Jesús, con
la experiencia vivida y con la sabiduría adquirida, cambia la valoración de los ancianos y enfermos.
Para nosotros, nuestros hermanos mayores no constituyen una carga improductiva sino una
fuerza espiritual impresionante pues nutren con su oración silenciosa la actividad evangelizadora
de la Iglesia.
ORACIÓN
Cuanto más viejo es uno, tanto más tiene que afrontar el hecho de que las posibilidades de
contacto menguan, porque ya no puede oír, ver ni caminar tan bien como antes. Ésta es una
pérdida dolorosa, pero al mismo tiempo constituye una invitación de la naturaleza a entrar más
en uno mismo. Rechazar dicha invitación supondría otra gran pérdida. Esto nos lleva de manera
absolutamente natural al importante tema de la oración en la ancianidad. La oración de quien
tiene 80 años es, por supuesto, distinta de la que tiene 25. Probablemente posea más madurez
y hondura, pero también, sin duda, sus propias dificultades. La persona de edad avanzada
descubre rápidamente que no es tan sencillo permanecer en auténtico recogimiento –debido,
entre otras cosas, a que la capacidad de concentración se debilita-. Esto constituye en la vejez
una desventaja con la que se debe contar. ¿Cómo podemos orar en la vejez? ¿Qué puede
ayudarnos a hacerlo?
Para responder estas preguntas puedo decirles lo que he encontrado en estos meses. En esta
casa, les comparto por lo que he vivido, existen de todas las formas de oración posibles, unas 6
maneras especiales de orar en la ancianidad y estar en esta intimidad con el Señor:
1) la eucaristía ocupa el primer puesto, a la que Jesús mismo nos invita con el ruego: “Hagan
esto en memoria mía”. Con estas palabras recordamos cómo fue Jesús en su vida, en su
pasión y en su resurrección. Igualmente recordamos cómo quiere estar entre nosotros
como centro de nuestra vida. Jesús quiere poner la celebración de la eucaristía en el
centro de nuestra atención, de nuestro afecto y de nuestra entrega. Y allí tiene cabida
nuestras preocupaciones, súplicas y agradecimientos. El momento culminante llega
cuando Jesús se nos da en su cuerpo y en su sangre.
2) La oración con el Santísimo. Es un espacio privilegiado que tenemos todas las semanas
en comunidad pues se ora por todas las necesidades del mundo, conocidas y
desconocidas; por las necesidades de la Iglesia y de la Compañía.
3) La liturgia de las horas. Es una manera muy rica y oportuna de orar. Quien ora así se sabe
unido a la Iglesia entera, pues une su voz a una oración que se eleva constantemente a
Dios en todos los lugares de la tierra.
4) El rosario. Mucho más extendido está el rezo del rosario. Es la oración preferida de
muchos jesuitas mayores.
5) Orar por la Iglesia y la Compañía. En la oración de petición nuestros hermanos mayores
tienen el privilegio de ejercitar esta actividad de una manera especial con su fe, su
solicitud y su amor. Y esta oración de petición va acompañada por la oración de acción
de gracias. En esta casa tenemos la misión especial de “Orar por la Iglesia y la Compañía”.
En estos meses que llevo en esta comunidad, he podido comprobar con alegría cuán en
serio se toma esta tarea.
6) Oración de simple presencia. También observo que la oración en esta casa se hace cada
vez más tranquila. Con frecuencia veo a muchos jesuitas permanecer sosegadamente
bajo la mirada amorosa de Dios en la capilla o en la terraza o en el cuarto. Detenerse en
las visitas al sagrario hace bien. Ya no se tiene que decir muchas cosas, pues Dios lo sabe
todo. Sean alegrías o tristezas, deseos o inquietudes, éxitos o fracasos, lo que nos viene
a la conciencia se puede compartir sencillamente con Dios y se le puede encomendar.
Somos siempre objeto de su mirada.
Como han podido escuchar, la llegada a esta casa ha significado para mí una gracia especial
y a su vez ser privilegiado al experimentar en mis hermanos de comunidad este testimonio
de una vida transparentada en la paz, en la sabiduría y en la oración.
Muchas gracias.
Carlos Alberto Romero, S.J.

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