Lo primero que yo mismo había hecho al llegar a Roma fue ir a visitar a Arrupe, a quien no conocía. Estaba en cama con hemiplejia. No hablaba. Decía palabras. Se cansaba con facilidad. Me acerqué. Le hablé. Le hice rezar conmigo el Padre Nuestro. A mitad del rezo me detuve y le hablé de los pobres. Se emocionó.

Estimado Mauricio, Perdón por la demora... Mucho trabajo.

Cuando estudiaba mi  licenciatura en teología en la Universidad Gregoriana por los años 1989-1991, tuve la oportunidad de asistir al funeral del Padre Arrupe. Me tocó hacer de acólito. En realidad, hice lo posible para que me dejaran serlo. Tenía una enorme admiración por él.

La Iglesia estaba repleta. Diría que la inmensa mayoría eran religiosos españores y latinoamericanos. Se respiraba un aire ibero. Había entre todos una enorme sintonía. No recuerdo si todos los cantos fueron en castellano. Pero sí recuerdo uno: "Danos un corazón, grande para luchar". Este canto, por lo menos en Chile, me recordaba la lucha de los religiosos y las religiosas por anunciar el Evangelio durante la dictadura de Pinochet. Pero también en los demás países de América Latina habían sido años de luchas. De resistencia a la violencia, que el año 1989 a los jesuitas nos costó una comunidad completa en El Salvador. 

Había muchos religiosos, mucha gente, y pocos obispos. Cardenales, solo dos. Martini y Martínez Somalo. Todos los fotógrafos enfocados en Martini. También recuerdo que estaba Giulio Andreotti. Siete veces presidente del Consejo en Italia. Bueno, Andreotti solía asistir a misa en el Gesú. Me tocó verlo leer la primera lectura. Presidió la misa el General de los dominicos. Costumbre que algún papa estableció para terminar con las disputas entre ambas órdenes.

Lo  primero que yo mismo había hecho al llegar a Roma fue ir a visitar a Arrupe, a quien no conocía. Estaba en cama con hemiplejia. No hablaba. Decía palabras. Se cansaba con facilidad. Me acerqué. Le hablé. Le hice rezar conmigo el Padre Nuestro. A mitad del rezo me detuve y le hablé de los pobres. Se emocionó.

Los jesuitas de América Latina lo quisimos y admiramos. Arrupe ha sido una inspiración hasta el día de hoy.

Esto es lo que te puedo contar.

Un abrazo.


Jorge


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Jorge Costadoat Carrasco, S.J.
Sacerdote jesuita. Profesor de la Facultad de Teología de la P. Universidad Católica de Chile. Director del Centro Teológico Manuel Larraín. Sacerdote en la comunidad Enrique Alvear (Peñalolén)

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